La palabra “españolada” es tristemente célebre, y lo peor es que es usada casi exclusivamente en nuestro propio país. ¿Qué significa que una peli es una españolada? Según algunos “a los que les gusta el cine” (palabras textuales), una españolada es prácticamente cualquier película creada en territorio patrio, y es un término obviamente peyorativo. Esa gente da por sentada la escasa calidad de una película por el mero hecho de ser española. Como si no hubiera basuras americanas...En cualquier caso, ellos se lo pierden. Porque el cine español afortunadamente goza de excelente salud. Produce películas de buena calidad y, de vez en cuando, auténticas joyas. Éste es el caso de la película que nos ocupa hoy. Celda 211 es una joya en todos los aspectos: narración, interpretación, ambientación... Basada en la novela homónima de Francisco Pérez, la película nos cuenta la historia de un motín carcelario, es decir, se trata de auténtico cine de género, de ese al que parece que los directores españoles tengan miedo. Daniel Monzón, afortunadamente, no se lo tiene.
Con una notable producción, que consigue sumergirnos en el pequeño universo que constituye la prisión, para lo que han contado con auténticos ex-presos a modo de extras, el vigoroso pulso narrativo de Monzón nos mete de lleno en el meollo ya desde la primera escena, que obligará a muchos a apartar la vista. Pero sin duda lo mejor del filme tiene nombre y apellido. Se llama Luis Tosar, y su interpretación de Malamadre, delincuente y noble, sin escrúpulos pero con un marcado código de honor, se recordará. Que tiemblen los Goya.
El resto del reparto tampoco debe ser olvidado. Alberto Ammann es un gran descubrimiento que se mueve sorprendentemente como pez en el agua en un papel dificilísimo. Incluso Resines, que nos resulta tan ajeno en el drama, mantiene bien el tipo. Me obligo a mencionar también a Carlos Bardem, cuya interpretación me sorprendió gratamente.
La historia acertadamente combina momentos de clímax con pausas reflexivas, y poco a poco va precipitándose hacia un enorme y épico final que no dejará indiferente a nadie. La crítica al tratamiento de los reclusos y al comportamiento de los funcionarios es más que evidente, y como nota anecdótica, la presencia de los presos etarras, detalle brillante que un director más cobarde se hubiera ahorrado. Monzón no lo es.
Por favor, id a ver esta españolada. Merece la pena.









